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domingo, 19 de junio de 2011

Hanna: thriller+cine de autor+cuento+videoclip

Resulta francamente difícil definir la película Hanna. Tal vez la calificaría como un oscuro cuento de hadas moderno, con toques de la saga Bourne y aire videoclipero. Uno de esos filmes extraños que suelen recibir el aplauso de la crítica y provocan reacciones diametralmente opuestas entre los espectadores. Debo admitir que a mí no me gustó demasiado, probablemente esperaba mucho de ella; la encontré un tanto pretenciosa, carente de ritmo y a medio camino de todo.

Nos quedaríamos cortos si dijéramos que Hanna (Saoirse Ronan) no se corresponde con el prototipo de chica adolescente actual. Criada en una aislada cabaña de Finlandia por su padre (Eric Bana), ex agente de la CIA, ha sido entrenada para defenderse de los “malos”, especialmente de Marissa Wiegler (Cate Blanchett), una agente de la CIA que, definitivamente, no es trigo limpio. En su huída hacia Berlín, Hanna visitará rincones tan dispares como el desierto africano o Andalucía.

Todo el film se centra en la persecución a Hanna. Desde luego, la muchacha es lista a rabiar y posee más fuerza y maña que muchos mamporreros oficiales de la gran pantalla. La jovencísima Saoirse Ronan borda su papel y me atrevería a presagiar que en un futuro no demasiado lejano será una de las actrices más prestigiosas del celuloide. Eric Bana y Cate Blanchett también cumplen (lo que, por otro lado, no es ninguna sorpresa), aunque el personaje de la australiana sea realmente detestable. Pensándolo bien, Hanna tenía todos los ingredientes para ser de mi agrado: actores solventes, un director (Joe Wright) interesante, una premisa inicial original, escenas de acción perfectamente coreografiadas, una estética cuidada al milímetro… Entonces, ¿qué ha podido fallar? Tal vez la culpa fuera mía y estuviera más preocupado de que no se me cayera ninguna chuchería (quien dice chuchería dice “Chaskys”, “Jumpers”, etc) al suelo que de la intensa vida de la protagonista. Probablemente un segundo visionado me sacaría de dudas.

domingo, 7 de marzo de 2010

I’m Not There, un biopic diferente

I'm Not There es un largometraje extravagante y un tanto inclasificable. Uno de esos filmes poco convencionales, que reciben la etiqueta de “película de culto” y pasan por las carteleras con más pena que gloria. Tal vez por eso, haya tardado más de dos años en llegar a nuestras pantallas (en las salas “yanquis” se estrenó a finales de 2007). En los títulos de crédito leemos lo siguiente: “inspirada en la música y en las muchas vidas de Bob Dylan”. Así, queda más o menos claro que no estamos ante una película al uso. I’m Not There es un biopic más que curioso del celebrado cantautor y poeta estadounidense Bob Dylan. Pero no esperen a una rutilante y apuesta estrella de Hollywood dando vida a Dylan y poniendo voz a sus emblemáticas canciones, como suele ser habitual en las cintas encuadradas dentro de este subgénero.

La película nos presenta a seis personajes diferentes y cada uno de ellos tiene algo de la personalidad del polifacético artista. Una “fauna” más variada que una caja de bombones surtidos: un niño cantante que vaga de un lado a otro sin rumbo (Marcus Carl Franklin), una especie de Billy el Niño (Richard Gere) que vive en el Oeste, una estrella de cine de difícil carácter (Heath Ledger), un joven poeta (Ben Winshaw), un famoso cantante de country-folk (Christian Bale) y un artista rebelde y algo deslenguado (Cate Blanchett).


El estupendo reparto es, sin duda, una de las principales bazas de I’m Not There. Cate Blanchett da vida -de manera ciertamente convincente- a un personaje masculino, rol por el que se llevó el Globo de Oro, la Copa Volpi en Venecia y nominaciones a los Oscar y a los BAFTA, entre otros muchos galardones. Me recuerda a casos como el de Linda Hunt en El año que vivimos peligrosamente o Blanca Portillo en Alatriste. Bale (que un día puede hacer del Hombre Murciélago y al otro figurar en una pequeña película indie como ésta), un envejecido Gere, Ben Winshaw (emergente protagonista de El Perfume y Retorno a Brideshead), el malogrado Ledger (no puedo evitarlo, me da mucha pena cuando le veo en pantalla)… Todos cumplen correctamente con la tarea que les ha sido asignada. Eso sí, me quedo con la entrañable interpretación del pequeño y hasta ahora desconocido Marcus Carl Franklin. Como curiosidad destacar, en papeles secundarios, a Charlotte Gainsbourg (hija de Jane Birkin y Serge Gainsbourg), a una delgadísima Michelle Williams (que fue pareja de Ledger) y a la genial Julianne Moore. Ejerce de narrador el veterano Kris Kristofferson.

La cinta está dirigida por el cineasta Todd Haynes (Velvet Goldmine, Lejos del Cielo), uno de los máximos exponentes del cine indie actual. Ambientada en la década de los 60, está filmada con mucho gusto, combina el color y el blanco negro y en algunos momentos adquiere el aspecto de un “falso documental”. Pero I’m Not There es, ante todo, una oda a la música de Dylan, un film en el que las canciones están estrechamente unidas a la trama. Haynes, que se alzó con el Premio Especial del Jurado en Venecia, contó con el beneplácito del propio Dylan.
Uno de los puntos negativos del film es su metraje, ya que dura más de dos horas (135 minutos para ser exactos). Es un pelín “lento” y sólo gustará a aquellos espectadores acostumbrados a películas “diferentes” que se alejan de los explotadísimos estereotipos de Hollywood.