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domingo, 4 de septiembre de 2011

La boda de mi mejor amiga, una grata sorpresa



Imaginemos a una pareja con ganas de arrumacos en la oscuridad de una sala de cine. Le toca elegir a ella y se decanta por La boda de mi mejor amiga. Él se echa a temblar esperando una sobredosis de azúcar. Pues no. Por su título podía haber sido una comedia romántica más, llena de clichés y gente irritantemente guapa, pero La boda de mi mejor amiga no es así. Estamos ante una comedia romántica gamberra producida por el sello del omnipresente Judd Apatow, con un espléndido elenco femenino y grandes dosis de humor grueso, apta para ellas y ellos.
A Annie (Kristen Wiig), una soltera de treinta y tantos, todo le va mal: después de fracasar su pastelería debe trabajar como dependienta en una joyería de segunda, comparte piso con unos hermanos la mar de “freakys” y tiene como “follamigo” a un hombre (Jon Hamm) que rehúye el compromiso. Un buen día, su mejor amiga Lillian (Maya Rudolph) le dice que se va a casar y que ella será una de las damas de honor. Poco después, Annie conocerá al resto de afortunadas: la nueva e hiperpija mejor amiga de Lillian (Rose Byrne), la hermana del futuro marido (Melissa McCarthy), la prima de la novia (Wendi McLendon-Covey) y la puritana Becca (Ellie Kemper). Los preparativos de la despedida de soltera y la boda centran la desternillante trama.
La boda de mi mejor amiga es realmente divertida. Su protagonista y co-guionista, Kristen Wiig (conocida en EE.UU. por su trabajo en el programa Saturday Night Live) es todo un descubrimiento y se revela en el film como una actriz cómica de tomo y lomo. Ella es quien lleva la mayor parte del peso de la película y encadena un gag tras otro sin perder fuelle. Hace que sintamos verdadera lástima por su personaje, que no da pie con bola. La guapa Rose Byrne (vista en la serie Daños y prejuicios y películas como Troya o Adam) resulta muy convincente como una pija redomada a la que cualquiera querría lanzar un objeto punzante a la cara, y el personaje de Melissa McCarthy (Sookie de Las chicas Gilmore) es demasiado soez. En el reparto también encontramos a Jon Hamm (el súper carismático Don Draper de Mad Men) o a la veterana Jill Clayburgh, fallecida antes del estreno de la película.
Escenas antológicas (por ejemplo, aquella en la que la protagonista intenta atraer la atención del policía con su coche) se combinan con otras que se pasan de escatológicas (las pruebas del vestido de boda). Aunque, seamos francos, probablemente sean estas últimas las que la mayoría de espectadores recuerden. Y si hemos de buscarle pequeñas pegas al film, podríamos decir que el “happy end” –con actuación de las Wilson Phillips incluida- no está a la altura del resto del metraje, y que en los últimos cinco minutos parece que estemos viendo una “rom com” (así llaman los estadounidenses a las comedias románticas) cualquiera. En mi opinión, un final con mala uva hubiera quedado mucho mejor…


Tal vez no pase a la historia del cine ni acumule prestigiosos premios, pero La boda de mi mejor amiga equivale a una buena sesión de risoterapia colectiva de dos horas. Y eso, es mucho.

domingo, 28 de marzo de 2010

Adam, una película pequeña pero no menor

Vengo a haceros una recomendación algo tardía. Se trata de Adam, un pequeño film de corte independiente dirigido por el semi-desconocido Max Mayer y ya disponible en alquiler. Está protagonizado por dos valores en alza del cine actual: Hugh Dancy y Rose Byrne. El inglés Dancy, que podría tomar el relevo de Hugh Grant, ha demostrado de sobra que es un actor solvente. Lo hemos visto interpretando a un “geek” la mar de simpático en Conociendo a Jane Austen, ejerciendo de partenaire de Anne Hathaway e Isla Fisher en Hechizada y Confesiones de una compradora compulsiva, respectivamente, y en películas tan dispares como Instinto básico 2, El rey Arturo o Shooting Dogs. La australiana Byrne, por su parte, ha saltado a la fama catódica gracias a la multipremiada serie judicial Daños y perjuicios. Pero la moza no es ninguna “recién llegada”, de hecho, la recuerdo como actriz invitada, hace la tira de años, en la serie “aussie” por excelencia: Los Rompecorazones. También apareció en Troya, Obsesión (una especie de versión teen de Atracción fatal protagonizada por el idolatrado Josh Harnett), María Antonieta, 28 semanas después o la reciente Señales del futuro, al lado del anteriormente prestigioso Nicolas Cage.

Adam es una historia de amor sencilla, sin artificios, que tiene más de drama que de comedia. Desde luego, se aleja mucho de las cintas románticas a las que Hollywood nos tiene acostumbrados. Aquí no hay rubias pechugonas, ni cachas con sonrisas “profident”, ni hits pegadizos del pop actual, ni apasionados besos extralargos. Aunque sí tenemos al típico colega del “prota” dando sabios consejos y a unos suegros que no destacan por su simpatía precisamente. Adam (Dancy) es un brillante joven de 29 años que padece Síndrome de Asperger, un tipo de autismo. Es un “ciego emocional”, excepcionalmente sincero e incapaz de interpretar lo que piensan y sienten los demás. Le cuesta mucho socializarse y no sabe expresar sus sentimientos. Su padre acaba de morir y él vive solo en el apartamento que ambos compartían. Todo cambia cuando conoce a su nueva vecina, Beth (Byrne), una profesora de escuela que escribe libros infantiles. La amistad inicial deriva en una relación sentimental complicada, que no cuenta con la aprobación del padre de ella (Peter Gallagher).

En el film destaca, por encima de todo, la maravillosa interpretación de Dancy, que dota de gran humanidad a su enigmático y misterioso personaje. Byrne también asume correctamente la tarea que le ha sido encomendada. Entre los secundarios encontramos al ya mencionado Peter Gallagher (The O.C., Mientras dormías) y a una avejentada Amy Irving, ex esposa de Spielberg y recordada por interpretar a la compañera “menos mala” de la telequinésica Carrie. La subtrama que concierne al padre de la protagonista no viene demasiado a cuento y queda algo desdibujada, pero aún así, la película se hace amena y es ideal para una de esas tardes lluviosas acompañada de la manta de cuadros de rigor y un generoso paquete de palomitas.

La cinta se alzó con el Premio Alfred P. Sloan en el Festival de Sundance y también estuvo nominada al Gran Premio del Jurado.