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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Buried, menos es más

Salí un tanto aturdido de la sala de cine. Era una sensación totalmente agridulce; aunque la película me había encantado, mi cuerpo y mi mente tardarían un tiempo considerable en volver a su ser. La causante de dicho desasosiego fue Buried, la segunda película dirigida por Rodrigo Cortés tras la incomprendida Concursante. Está visto que para entretener no son necesarios sofisticados efectos especiales, niños/animalitos/culturistas metidos a actor de dudosa gracia o superficiales estrellas hollywoodienses más preocupadas por su descomunal ego que por la calidad del film en el que participan. Buried demuestra que muchas veces, menos es más. Desde el principio de la cinta el espectador no puede retirar la vista de la pantalla: los magníficos y hitchcocknianos títulos de crédito dan paso a un plano oscuro y de repente, vemos a un hombre enterrado vivo bajo tierra. Cualquiera se estremecería ante tal imagen, más si tenemos en cuenta que el ataúd es el único escenario del film y Ryan Reynolds el único personaje, exceptuando las personas con las que contacta vía telefónica, cuya imagen no aparece en pantalla.
La trama es bastante “heavy”. Reynolds encarna a un contratista norteamericano que es enviado a Irak por la empresa en la que trabaja. Un día, el convoy en el que viaja es atacado por un grupo de terroristas, que lo entierran vivo en un ataúd de madera. El hombre tendrá 90 minutos para conseguir que alguien lo ayude.

Una de las principales bazas de la cinta, rodada con maestría absoluta, es la interpretación de Ryan Reynolds, probablemente más conocido por el gran público por ser el marido de la ubicua Scarlett Johansson o por ser la imagen del nuevo (y por otra parte, estupendo) perfume de Hugo Boss. La verdad es que el mozo se ha especializado principalmente en papeles cómicos (Sólo amigos, La proposición, Van Wilder,la serie Tres para todo), aunque también ha hecho incursiones en el cine de superhéroes (Lobezno) o en el drama (Luciérnagas en el jardín). Esta vez Reynolds se revela como un actor sólido capaz de acometer grandes retos interpretativos y salir más que airoso.
En resumidas cuentas, y aunque aquellos que padecen claustrofobia pueden pasarlo rematadamente mal, Buried es una cinta muy recomendable. En estos tiempos en los que abundan los remakes anodinos y las mediocres secuelas y la originalidad brilla por su ausencia se agradece la existencia de largometrajes como Buried, que no se parece a nada que hayamos visto con anterioridad. Resulta paradójico que uno pague dinero por pasarlo mal, como si no bastara con los dramas de la vida “real”, pero todos tenemos nuestro punto sadomasoquista (sin necesidad de látigos y ajustados y poco favorecedores modelitos de cuero) y de vez en cuando, merece la pena sacarlo.

¡Hay que ver Buried!

sábado, 24 de abril de 2010

Luciérnagas en el jardín, un intenso drama familiar

Por su título, Luciérnagas en el jardín podría ser una de esas anodinas cintas infantiles y/o juveniles en 3-D (¡cómo odio esas dichosas gafas!) que tanto abundan en nuestras carteleras últimamente. Aunque, tal vez, los amantes de la poesía más avispados habrán podido adivinar que el título del film guarda relación con un poema del afamado poeta estadounidense Robert Frost. Luciérnagas en el jardín, escrito y dirigido por el hasta ahora desconocido Dennis Lee, es un complejo drama familiar con toques autobiográficos, rodado con gusto y estéticamente hermoso.

Los excelentes títulos de crédito anuncian un plantel de intérpretes sencillamente impresionante: Ryan Reynolds (marido de Scarlett Johansson especializado en papeles cómicos), el siempre genial Willem Dafoe, Emily Watson (que dota todas sus interpretaciones de un asombroso realismo), Carrie Anne-Moss (Matrix) y ¡sorpresa! Julia Roberts. La que fuera “Novia de América” y considerada por muchos la “woman más pretty” de los noventa, afronta aquí un rol secundario pero de mucho peso en la trama. Como nota curiosa (y puramente cotilla) añadir que el marido de la Roberts, Danny Moder, ejerce de director de fotografía de la película.

Michael Waechter (Reynolds) es un escritor que reside en Nueva York y regresa por unos días al hogar familiar. Un trágico suceso trastocará la vida de todos los miembros del clan y, como no podía ser de otra manera en este tipo de películas, sacará a la luz algún que otro secreto. La difícil y tensa relación entre Michael y su estricto padre (Dafoe) ocupa gran parte del argumento, que también se vale de “flashbacks” para ahondar en las relaciones entre los personajes centrales. Resulta interesante descubrir el modo en el que reacciona cada uno de ellos tras la tragedia. Eso sí, el espectador debe intentar no despistarse (si van al baño, por favor, hagan uso del “pause”) para captar todos los detalles.
En general podría decir que Luciérnagas en el jardín me ha gustado, aunque me ha dejado un poco tibio. El debut cinematográfico de Lee se sitúa a medio camino entre lo inolvidable y lo fácilmente olvidable, lo que, visto la calidad de los filmes que se estrenan en la pantalla grande en los últimos tiempos ya es bastante. A destacar, el magnífico reparto y el aspecto estético. Reynolds (desternillante en La proposición, junto a Sandra Bullock) demuestra que lo suyo también puede ser el drama y Dafoe y Watson no defraudan. La Roberts también se aleja de sus papeles habituales y los más jóvenes del cast, los niños, se desenvuelven con una soltura que ya quisieran muchas arrogantes estrellas en ciernes.

No es una película apta para todo tipo de espectadores (si sólo le gustan las cintas “adrenalíticas”, absténgase), pero a pesar de ser un dramón en toda regla, que nadie espere agotar un paquete entero de kleenex.