Esos títulos de crédito sobre fondo negro, los nombres de los intérpretes ordenados alfabéticamente y como acompañamiento, exquisita música jazz. Cualquier buen cinéfilo lo sabría: estamos ante una película del gran Woody Allen. He de admitir que he visto la mayoría de las películas del prolífico cineasta neoyorquino y generalmente, todas me gustan. Medianoche en París podría haber sido una sucesión de hermosas postales en movimiento de la “Ciudad del Amor” y una historia para salir del paso. Pero no, el film está a la altura de la exquisita capital gala y nos hace reír a mandíbula batiente gracias a un argumento delirante y difícilmente predecible.Owen Wilson interpreta a Gil, un hombre que se dedica a escribir guiones para películas comerciales de Hollywood, empeñado en dar un vuelco a su carrera y escribir una novela. Está de visita en París junto a su prometida Inez (Rachel McAdams) y los acaudalados padres de la chica. Allí coincidirán con un hombre por el que Inez siente auténtica fascinación (Michael Sheen) y su novia. No me gustaría profundizar demasiado en la trama a fin de no revelar sorprendentes spoilers. Tan sólo diré que el protagonista cumple uno de los mayores anhelos de cualquier escritor que se precie.
En esta ocasión y al igual que en sus últimas cuatro películas, Allen no ejerce de actor. Como suele hacer en numerosas ocasiones, delega el rol que él interpretaría en otro actor. Para dicha tarea ha escogido al simpático Owen Wilson, que se desenvuelve con una soltura encomiable en el Universo made in Allen. Su personaje, poseedor de una verborrea que ya quisieran muchos e incapaz de desprenderse de esa eterna expresión de alucinado, se mete en el bolsillo al espectador. Junto a él, hay que destacar a las adorables Rachel McAdams y Marion Cotillard, un histriónico y realmente divertido Adrien Brody o Kathy Bates, que haga lo que haga siempre está estupenda. Medianoche en París es una película muy recomendable, probablemente no apta para TODOS los públicos, como todos los trabajos de Allen. Divertida y surrealista, rebosa ingenio por los cuatro costados. Tal vez no estoy siendo del todo imparcial, pero cuando se trata de Woody Allen nadie lo es, ¿verdad?
Si Vicky Cristina Barcelona te dejó mal sabor de boca, Medianoche en París es el mejor enjuague posible.

También la vimos como ex mujer de Ben Stiller en la infantil Noche en el museo y en la prematuramente cancelada y recomendable serie The Nine (creo que hasta hace poco se ha estado emitiendo en ETB-2 muy pero que muy tarde), centrada en el atraco a un banco.
3. Los “season finale”. En los últimos episodios de cada una de las temporadas la trama suele dar un vuelco de 360º grados… Jugosas sorpresas que enganchan al público.
8. La música. Soy fan acérrimo de los “oldies” (así llaman en USA a hits de décadas pasadas), lo reconozco. Las canciones empleadas en la serie me encantan, sobre todo las que suelen acompañar al final de los episodios. ¡Cuánto daño han hecho Justin Bieber, Miley Cyrus y compañía!

En el fondo, Pan Negro es un crudo retrato de vencedores y vencidos, o lo que es lo mismo, de aquellos que comían “pan blanco” y los que debían conformarse con “pan negro”. Una de esas grandes películas que no olvidas fácilmente y te hacen pensar. Tal vez, mucho más de lo que desearías.
La serie que nos ocupa, muy dirigida al público teen, sólo duró en antena ochos capítulos. Aún así, sirvió como plataforma para 
Hay que reconocer que la serie tenía su punto. Se centraba en los jóvenes que acudían a la elitista academia para chicos Rawley. El protagonista, Will (Rodney Scott), había conseguido una beca para asistir a dicho centro, ubicado en su pueblo natal. Todo era muy idílico y la estética estaba muy cuidada. Su compañero de habitación, Scout (Mark Famiglietti), el típico chico rico y arrogante, se enamoraba de una chica del pueblo, Bella (Kate Bosworth), mucho más humilde y carismática que él. También andaba por allí el hijo del decano (Ian Somerhalder), que se había fijado en Jake (Katherine Moenning), una moza que se hacía pasar por chico para poder acceder a la academia y de paso, chinchar un poco a sus padres. Ése sería el planteamiento inicial, pero en ocho capítulos pasarían infinidad de cosas que no podría resumir en un post. Coca Cola era su principal sponsor… y se notaba.
Fue una auténtica lástima que esta serie de la WB no durara un poco más… En mi opinión, no era tan pedante como Felicity o Dawson crece. La canción de la
¿Alguien la recuerda? (de todas maneras, está en YouTube) 

Y , aunque al igual que en el caso de Firth estaba cantadísimo, me congratula enormemente que
Sobre las victorias de Christian Bale y Melissa Leo como intérpretes de reparto poco puedo decir, ya que no he visto The Fighter. Ambos son actores de alto standing, por lo que supongo que el premio estará justificadísimo. El año que viene prometo ver la gala íntegra y hacer un análisis mucho más exhaustivo. Con lo que yo he sido. Antes incluso me tragaba los Globos de Oro, los Emmy o los SAG (Premios del Sindicato de Actores) y ahora… 
Lo mejor de Primos es su ingenio. Ofrece elevadas dosis de humor (un pelín grueso) y a juzgar por la cantidad de risas escuchadas en la sala de cine, divierte al espectador. Los tres actores principales demuestran de sobra sus dotes cómicas interpretando a tres primos muy pero que muy estereotipados. Y el resto del reparto tampoco se queda corto. Adrián Lastra y su parche son todo un descubrimiento e Inma Cuesta (de la serie Águila roja) me parece “re-guapa”. Desde luego, todo el que la ha visto coincidirá conmigo en una cosa: el momento “Backstreet Boys” es antológico y desternillante. Tal vez, como ocurre en la mayoría de las comedias, el único defecto de Primos sea su previsibilidad, pero logra hacernos reír y olvidarnos, durante algo más de hora y media, de las preocupaciones diarias.
