Estoy falto de ideas. Justo igual que Hollywood. Hace un par
de semanas tuve la oportunidad de ver los dos primeros de episodios de la nueva
versión de Dallas. Nunca seguí la original, pero no parece que esta nueva
adaptación vaya a captar mi atención. Cabe destacar que dos décadas después de
terminar la célebre serie se mantienen algunos de los míticos personajes y
actores, como J.R., Bobby y Sue Ellen, esta última desprendiendo botox por los
cuatro costados. Las desavenencias familiares de los poderosos Ewing siguen
centrando las tramas, y los chantajes, los montajes, las mentiras y las
infidelidades están a la orden del día. También se ha recuperado la intro de
apertura, pero en versión reducida. Una de las grandes curiosidades de este
modernizado Dallas reside en que tres de sus nuevos protagonistas ya
vivieron rivalidades y calamidades varias en Mujeres desesperadas: Brenda
Strong (la Mary Alice que se suicida en el piloto), Jesse Metcalfe (el joven
jardinero con el que Garbielle mantiene una aventura) y Josh Henderson (el
rebelde sobrino de Edie Britt). Junto a ellos están Jordana Brewster, la chica
de la saga A todo gas y Julie Gonzalo. Desde luego, el joven cast no padece problema
de fotogenia alguno.
Uno de los problemas de estos remakes, reboots, precuelas, secuelas
y demás es que ni siquiera dan al público tiempo de olvidar el producto original.
Sensación de vivir y Melrose Place, por ejemplo, dos de los culebrones más
icónicos de los noventa, han vuelto a nuestras pantallas recientemente, de la
mano de la CW. 90210 ha sido renovada para una quinta temporada, mientras Melrose
Place 2.0 sólo se mantuvo en antena una temporada. En ambas han aparecido
intérpretes de las originales. La misma cadena es también artífice de la futura The Carrie Diaries, que seguirá las peripecias de la neoyorquina más pija en
su adolescencia. ¿Podría permitirse la Bradshaw por aquel entonces sus ya
antológicos Manolos? Y el año pasado la ABC intentó en vano resurgir la magia
de Los Ángeles de Charlie, con tres protagonistas de muy buen ver (entre
ellas, Minka Kelly de Friday Night Lights) y un guión más bien flojo.
Casi parece una broma de mal gusto, pero los rumores apuntan
a que la Paramount quiere realizar una versión cinematográfica de Los
vigilantes de la playa, con Justin Timberlake de protagonista (¿?) y cameos de
David Hasselhoff y Pamela Anderson.
Además, este verano podremos ver si el lánguido Andrew Garfield da la
talla como el nuevo Hombre Araña y tendremos que esperar hasta el año que viene
para ver a Henry Cavill como Superman. También estoy deseando ver la última
entrega de la franquicia de Batman iniciada por el genial Christopher Nolan. La saga Bourne también volverá a la pantalla grande, pero sin Matt Damon y con Jeremy Renner de protagonista.Los guionistas hollywoodienses no tienen ganas de hacer funcionar sus perezosas neuronas y sólo piensan en recaudaciones millonarias (vale, es lógico) y yo parezco vivir en un estado de “Déjà vu” permanente.








Las grandes dosis de humor, especialmente de la mano del personaje interpretado por Omar Sy, un rudo macarrilla de buen corazón y arrollador ingenio que se mete al espectador en el bolsillo en los primeros cinco minutos de metraje, constituyen uno de los mayores atractivos de esta película. La palpable química con su partenaire, un millonario culto harto de que los demás se compadezcan de él, atraviesa rápidamente la pantalla atrapando a un espectador que a priori no tiene porqué saber qué tipo de película le espera. Los personajes secundarios también aportan momentos cómicos, complementándose perfectamente con los antagónicos protagonistas. A Omar Sy no lo conocía, pero François Cluzet es uno de los actores más populares del cine francés y lo hemos visto en películas como la genial 
El argumento nos traslada a una Hawai muy diferente a la que estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla. Aquí no vemos celebraciones “luau” (así se llaman las fiestas hawaianas), danzas exóticas ni coloridos collares de margaritas. Matt King (George Clooney) es un abogado cuya mujer acaba de sufrir un accidente y se encuentra en coma en el hospital. Él deberá hacerse cargo de sus dos hijas: la adolescente rebelde Alexandra (Shailene Woodley) y la pequeña Scottie (Amara Miller), que está realmente lejos de ser una niña ejemplar. Además, descubrirá un secreto que escondía su mujer y deberá decidir qué hacer con las tierras que él y sus primos han heredado de sus antepasados. Vamos, que al hombre se le acumulan los marrones.
Bromas aparte, Clooney está digno de aplauso y resulta tan creíble como el resto del cast, del que destacaría a sus dos hijas: la prometedora Shaile Woodley (hasta ahora conocida por su rol en Vida secreta de una adolescente) y Amara Miller, que aporta momentos cómicos a una trama eminentemente dramática. Y es que, a pesar de su fuerte carga dramática, Los descendientes no está concebida para hacer llorar al espectador e incluye diálogos hilarantes y personajes graciosos (mención especial para Sid, el “amiguete” de la hija mayor).
Tras ser repudiada por su tía política, Jane es enviada a un orfanato, donde destaca por su fuerte personalidad. Unos años después consigue un trabajo como institutriz en la mansión Thornfield, propiedad del señor Rochester, un hombre misterioso e irascible. Surgirá entre ambos una historia de amor imposible, marcada por un oscuro secreto. Vale, puede que esta folletinesca sinopsis cause rechazo a más de uno, pero no debería.
Como película, tal vez sea un tanto fría y oscura (y dicho sea de paso, fiel a la emblemática novela de Brontë) y puede resultar densa para un tipo de espectador ajeno a largos silencios y miradas sostenidas. Desde luego, poco tiene que ver con las películas ligeras de consumo rápido que últimamente abundan en nuestras salas… ¡menos mal!
The Artist es un homenaje al cine mudo (o mejor dicho, al cine en sí mismo) que sólo podía ser concebido por alguien realmente enamorado del Séptimo Arte. Una película elegante, exquisita, con una factura impecable -fotografía, dirección artística, vestuario, títulos de crédito… todo es perfecto- y que demuestra que una buena historia lo puede todo.
Tal vez The Artist no sea para cualquiera pero, tras verla, resulta ardua tarea no esbozar una sonrisa. Es uno de sus films que te hacen sentir bien, y del que no puedes dejar de hablar una vez termina. Qué gran ironía, una película a la vieja usanza (vintage, que dirían los más resabidos), como las de antes, pero al mismo tiempo, un auténtico soplo de aire fresco. 