viernes, 14 de octubre de 2011

El hombre de al lado, cine argentino de calidad


Un sinfín de pequeñas tragedias pueden arruinar la que prometía ser una placentera jornada cinematográfica: que un hombre altísimo se siente delante de ti, que las palomitas contengan bastante más sal de la deseada, que tu acompañante sufra continuos ataques de tos, que tengas que colocarte las abominables gafas de 3D sobre tus gafas graduadas (¿?)… Pero, para mí, la tragedia más grande (cuando estoy en una sala de cine, claro) es no poder disfrutar de los tráilers, que a menudo son mejores que las propias películas de las que derivan. Son mi “guilty pleasure”. Pues bien, con un divertido -y pelín marciano- tráiler descubrí hace un par de meses la cinta argentina El hombre de al lado. Ganadora de multitud de premios internacionales y nominada al Goya como Mejor película extranjera de habla hispana, el film de Mariano Cohn y Gastón Duprat tenía todas las papeletas para ser de mi agrado.
La historia sobre la que se sustenta es aparentemente sencilla y pone de manifiesto, una vez más, que el ingenio vale más que un presupuesto millonario. Leonardo, un reputado y sofisticado arquitecto, que habla idiomas y lleva gafas de pasta de marca descubre que Víctor, el rudo hombre que vive en la casa contigua, quiere construir una ventana en la pared medianera. Este hecho provoca desavenencias entre ellos, así como incontables situaciones hilarantes. También aparecen en escena la estirada mujer y la poco cariñosa hija de Leonardo.

Uno de los grandes pilares de la película es la diferencia de caracteres de los dos personajes centrales, completamente antagónicos. Visualmente atractiva, El hombre de al lado fue rodada íntegramente en la casa Curutchet de La Plata, realizada por Le Corbusier. La verdad es que tanto el exterior como el interior de la misma han despertado en mi envidia más bien insana.
He de reconocer que El hombre de al lado me ha gustado, aunque me he reído menos de lo que esperaba tras el visionado del tráiler promocional. Se trata de una cinta simpática y entretenida que discurre entre la comedia negra y el drama e incluye moraleja final. La labor de los intérpretes también es digna de elogio, al igual que el guión, sencillo a la par que efectivo.

Es una auténtica lástima que el cine argentino no se promocione más en el extranjero y nos perdamos pequeñas películas como ésta entre tanto blockbuster, remake, precuela y secuela.


Al fin y al cabo, que el envoltorio brille más no quiere decir que el regalo vaya a ser mejor. Y en este caso, no existen grandes lazos ni tan siquiera una hortera tarjeta musical… existe ingenio.

lunes, 3 de octubre de 2011

El árbol de la vida, inclasificable

Un amigo se dispone a contarte un chiste. “Es buenísimo”, te dice. A ti te gustaría haberlo entendido y haberte reído, pero no ha podido ser. Se te queda esa típica cara de atontado y no sabes si fingir (y de paso, reírte como si te fuera la vida en ello) o admitir que realmente no has captado ese chiste tan supuestamente maravilloso. Así me sentí con El árbol de la vida de Terrence Malick, ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Sabía que no iba a encontrarme una película fácil y sin pretensiones; más bien, lo contrario. Para algo está tras la cámara Terrence Malick, un auténtico enigma conocido por sus excentricidades y que en tres décadas tan sólo ha dirigido cinco largometrajes.

El árbol de la vida es realmente inclasificable, poética y muy “new age”. La historia de una familia típicamente americana (formada por Brad Pitt, Jessica Chastain y sus tres hijos) se combina con la del mundo (desde su nacimiento hasta su destrucción), incluyendo el Big Bang, los dinosaurios y el cielo. Todo muy abstracto, dotado de una factura técnica impecable y estéticamente perfecto. Las imágenes son muy bellas, tal y como dijo una de las personas que me acompañaba en la sala: “parecen el salvapantallas de mi ordenador”. Su excesivo metraje (¡el montaje inicial era de cuatro horas!) la hace difícil de digerir, aunque, eso sí, es imposible que deje indiferente a nadie. Al final de la proyección se escuchó algún que otro aplauso en la sala… ¿Les pareció una obra maestra? ¿Aplaudían porque para ellos ya terminó el calvario? Nunca lo sabré. Como cinéfilo he de decir que me suelen agradar las películas poco convencionales, pero en esta ocasión me ha sobrado enjundia. Hubiera disfrutado con una historia más ortodoxa y menos profunda, centrada en esa familia de Texas de los 50, con padre autoritario (Pitt), madre dulce (Chastain) y tres hijos. No es para nada “cool” admitir que, por una vez, me hubiera gustado que todo estuviera más mascado.

Y por cierto, que se publicite a Sean Penn como co-protagonista... Parece que la mayoría de sus escenas quedaron en la sala de montajes, para desgracia de los fans de este “monstruo” de la interpretación.

El árbol de la vida es una obra poética que despierta reacciones diametralmente opuestas entre los espectadores. Los 138 minutos cinematográficos más maravillosos para algunos, los más tediosos para otros. No es difícil de adivinar entre cuáles me encuentro yo.